Viviendas Net Zero: la oportunidad en la tendencia sustentable
En un contexto global atravesado por la crisis climática, la volatilidad de los precios de la energía y la necesidad urgente de reducir emisiones, la industria de la construcción vive una transformación profunda. En ese escenario, las viviendas Net Zero se consolidan como una de las tendencias más relevantes a nivel mundial, al proponer un cambio de paradigma: edificios capaces de producir, a lo largo de un año, la misma cantidad de energía que consumen. Lo que hasta hace poco parecía una idea futurista hoy se presenta como una solución concreta, técnica y económicamente viable.
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El concepto de Net Zero -o energía neta cero- parte de una premisa clave: antes de generar energía, es imprescindible reducir al mínimo la demanda. Por eso, estas viviendas se apoyan en un diseño arquitectónico altamente eficiente, donde cada decisión constructiva tiene impacto directo en el consumo energético.
Cómo funcionan las viviendas Net Zero
El aislamiento térmico continuo, la hermeticidad de la envolvente, la eliminación de puentes térmicos y el uso de aberturas de alta prestación son elementos centrales. Estas estrategias permiten disminuir de forma drástica las necesidades de calefacción y refrigeración, que en la mayoría de los hogares representan el mayor gasto energético.
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A nivel internacional, muchos de estos desarrollos toman como referencia el estándar Passivhaus, nacido en Europa y hoy replicado en distintos continentes. Este modelo prioriza la eficiencia pasiva mediante ventilación mecánica controlada con recuperación de calor, carpinterías de triple vidriado y una orientación estratégica del edificio para maximizar el aprovechamiento del sol. El resultado es un confort térmico estable durante todo el año, con un consumo energético notablemente inferior al de una vivienda convencional.
Una vez reducida la demanda, el siguiente paso es cubrirla con energías renovables. La tecnología más difundida es la solar fotovoltaica, que permite transformar la radiación solar en electricidad. En determinados contextos también se incorporan sistemas de geotermia o pequeñas soluciones eólicas, aunque su aplicación depende de factores climáticos y del terreno.
La energía generada puede almacenarse en baterías, lo que otorga autonomía durante la noche o en días de baja radiación, y en algunos casos se integra a redes inteligentes que optimizan el uso según los patrones de consumo.
Mucho más que impacto ambiental
El impacto económico de este modelo es uno de sus principales atractivos. En muchos países, las viviendas Net Zero logran reducir al mínimo o eliminar directamente el costo de la energía eléctrica, más allá de los cargos fijos asociados al servicio. Incluso, cuando la normativa lo permite, los excedentes de energía pueden inyectarse a la red, convirtiendo al hogar en un actor activo del sistema energético. A esto se suma una revalorización del inmueble y menores costos operativos a lo largo del tiempo.
En la Argentina, y particularmente en provincias como Mendoza, el interés por este tipo de construcciones comienza a crecer de la mano del aumento de los costos energéticos y de una mayor conciencia ambiental.
Especialistas en construcción sustentable señalan que, mediante sistemas industrializados, domótica, captación solar activa, recuperación de aguas y ventilación mecánica con recuperador de calor, es posible alcanzar niveles muy altos de eficiencia e independencia energética. En algunos casos, se logran reducciones de hasta el 90% en la energía destinada a climatización, incluso en climas con amplitudes térmicas marcadas.
Si bien la inversión inicial suele ser superior a la de una vivienda convencional, el consenso entre los especialistas es claro: el retorno económico se verifica en el mediano plazo. El ahorro energético, la estabilidad frente a futuras subas tarifarias y la mayor valoración del inmueble permiten amortizar el sistema en pocos años.
Ventajas y oportunidades del Net Zero
Aprovechamiento estratégico de la radiación solar
El sistema permite capitalizar uno de los principales activos naturales de regiones como Mendoza: la alta radiación solar durante gran parte del año. Esto convierte a la energía fotovoltaica en una fuente confiable y previsible, capaz de cubrir la demanda energética anual de una vivienda y generar excedentes en determinados períodos.
Reducción estructural de los costos energéticos
Al minimizar el consumo y producir su propia energía, una vivienda Net Zero reduce drásticamente -o directamente elimina- el gasto en electricidad. En un contexto de tarifas crecientes e incertidumbre energética, esto ofrece previsibilidad de costos y protege al propietario frente a futuras subas.
Mayor confort y calidad ambiental interior
El alto nivel de aislamiento, la hermeticidad y la ventilación mecánica controlada mejoran de manera significativa el confort térmico y la calidad del aire. Las temperaturas interiores se mantienen estables durante todo el año, con menos dependencia de equipos de climatización y mayor bienestar para los ocupantes.
Revalorización del inmueble y diferenciación en el mercado
Estas viviendas tienden a valorizarse por encima de las construcciones tradicionales, al incorporar tecnología, eficiencia y sustentabilidad. Esto representa una oportunidad tanto para desarrolladores inmobiliarios como para propietarios que buscan activos más atractivos y competitivos a largo plazo.
Contribución concreta a la reducción de la huella de carbono
Más allá del ahorro económico, el sistema Net Zero ofrece una respuesta tangible a los desafíos ambientales actuales. Al reducir el consumo de energía convencional y las emisiones asociadas, estas viviendas se alinean con las agendas globales de sostenibilidad y con una demanda social creciente por construcciones más responsables.



