Zaha Hadid y la huella curva que dejó en Argentina

La arquitecta iraní británica y su obra disruptiva tienen una prueba tangible en el país que se puede ver en una de las esquinas más emblemáticas de Buenos Aires

Además de diseñar edificios, Zaha Hadid, proyectaba flujos. Esta arquitecta iraní británica creía que el ángulo recto era una limitación impuesta y, a través de su obra, se dedicó a probar ese punto.

Aunque falleció 2016, la Reina de Curva, dejó un legado indeleble en la profesión y también una semilla que ha comenzado a brotar en suelo argentino. El L'Avenue Libertador, una torre de cristal y concreto de formas curvas, 38 pisos y departamentos de lujo, en una de las esquinas más cotizadas de Buenos Aires, es una prueba tangible de su impronta.

Sin embargo, también dejó abierta la puerta para una escuela de pensamiento que convirtió la manera en que una nueva generación de arquitectos resignifica el espacio.

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La mujer que desafió los ángulos rectos

El nombre de Zaha Hadid está vinculado a la insurgencia estética. Se transformó en la primera mujer en ganar el Premio Pritzker (2004), una especie de Nobel de la arquitectura, y lo consiguió rompiendo los techos de cristal, tradicionalmente conservadora y androcéntrica. en su área y desafiando las leyes de la geometría.

Uno de los rasgos distintivos de esta referente, es que puso al deconstructivismo en primer plano, y le aportó una sensualidad orgánica. Sus proyectos, como el Museo MAXXI en Roma y el Centro Acuático de Londres, aparentan estar congelados y en pleno movimiento a la vez. Un rasgo único.

Para Hadid, la arquitectura tenía que ser una experiencia inmersiva en la que suelo, paredes y techo fluyeran en una continuidad espacial uniforme.

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El futurismo, en plena Libertador y Bullrich

A lo largo de varias décadas, Argentina y Buenos Aires en particular, miró la vanguardia de Hadid desde lejos y solo a través de las revistas especializadas. Pero con la construcción de L'Avenue Libertador la narrativa cambió.

Enclavado en la esquina de las avenidas Libertador y Bullrich, justo frente al Rosedal de Palermo, esta obra residencial es el debut póstumo del estudio Zaha Hadid Architects (ZHA) en Sudamérica.

Se trata de una torre marcada por balcones que ondulan y crean un juego de transparencias y sombras que rompe con la rigidez de los edificios tradicionales que habitan la zona.

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Esta arquitectura no busca fundirse con el entorno neoclásico francés, una marca registrada de Buenos Aires. Por el contrario, apuesta a un diálogo de contrastes.

Desde la perspectiva técnica, la estructura es una hazaña de la ingeniería local, que combina el estilo de Hadid con las normativas y materiales nacionales. En definitiva, es el neofuturismo integrado a la vida porteña del día a día.

Grandes ventanales que parecen disolverse en el horizonte, incorporando el verde de los bosques de Palermo hacia el interior de las viviendas.

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Junto a la herencia material de Zaha en Argentina, está la huella que dejó en las personas. Jóvenes arquitectos que se acercaron a su estudio en Londres, Inglaterra, para expandir sus límites .

Algunos argentinos son Sebastián Andía y Valentina Cerrone, ambos mendocinos, y Mariana Ibañez, quienes son parte de la élite profesional que se forjó bajo el rigor y el tamiz de la oficina de Hadid. Ellos absorbieron la ética de ese estilo y aprendieron a usar las herramientas de diseño paramétrico, el software que permite modelar formas complejas mediante datos.

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Mariana Ibañez, actualmente radicada en Estados Unidos, tiene un fuerte vínculo con el país y ha estudiado la integración entre el entorno y la tecnología, un rasgo inherente de su mentora.

Mientras que Sebastián Andía, llevó ese aprendizaje a la academia y al diseño experimental, influyendo en cómo se enseñan actualmente las geometrías complejas.

Esta "escuela Hadid" ha penetrado en los estudios locales. Por ejemplo, en los desarrollos de vanguardia de Puerto Madero, se ve una apertura más visible hacia lo no lineal. La arquitectura contemporánea argentina ha empezado a perderle el miedo a la complejidad digital y a lo curvo gracias a estos emisarios, que se mantienen como puente con la impronta de su maestra.


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