Mesa de Arquitectura: cuatro miradas de la transformación de Mendoza

En la quinta edición del almuerzo organizado por Área Tres, los referentes hablaron sobre las obras que modificaron su manera de entender la profesión y las que dejaron una huella.

El pasado mes de agosto, otros cuatro líderes de la arquitectura mendocina fueron invitados a la quinta edición del ciclo Mesa de Arquitectura de Área Tres, un espacio de encuentro donde referentes de la profesión compartieron sus ideas y un momento de camaradería. El escenario fue Omoi Sushi Nikkei, en Palmares Open Mall.

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En esta oportunidad, el encuentro reunió a cuatro profesionales con recorridos diferentes: Daniel Gelardi, Nicolás Guerra, Carolina Pérez Antonasi y Alejandro Waisman. Hay obras que se convierten en referencias mucho antes de que quienes las conocen puedan dimensionar su impacto. Algunas aparecen durante la universidad, otras llegan a través de un viaje, una investigación o incluso de la experiencia cotidiana de recorrer una ciudad. En todos los casos, terminan formando parte de la manera en que un arquitecto entiende su profesión. Y sobre esas influencias y sobre las transformaciones que experimentó Mendoza durante los últimos 25 años giró una nueva edición del almuerzo.

Las obras que dejaron marca

Para Nicolás Guerra, coordinador del estudio ONA, la respuesta a cuál fue la obra que cambió su manera de entender la arquitectura no podía reducirse a una sola. Su recorrido está marcado por dos casas separadas por décadas, geografías y concepciones arquitectónicas muy diferentes.

La primera fue la Villa Savoye, de Le Corbusier, una de las obras fundamentales de la arquitectura moderna, que tuvo la oportunidad de conocer durante un viaje a Francia. La segunda fue la Casa Estudio de Luis Barragán, en Ciudad de México, una obra mucho más cercana en el tiempo y que le permitió descubrir el potencial de una arquitectura basada en la síntesis. "Comprendí que con una arquitectura mínima, pero muy bien pensada, se puede hacer una excelente obra", explicó Guerra.

En el caso de Daniel Gelardi, la influencia llegó a través de un proceso mucho más prolongado. El arquitecto, integrante de In Estudio junto a Federico Inchauspe, dedicó años al estudio de la obra de Mario Roberto Álvarez y de la arquitectura moderna argentina. "Eso me ha dado un conocimiento muy profundo sobre lo que es la arquitectura moderna argentina y me ha hecho cambiar profundamente mi mirada sobre la misma", sostuvo.

Ese recorrido incluyó algunos de los edificios más reconocidos del arquitecto argentino, como el edificio IBM, la Bolsa de Comercio de Buenos Aires, el edificio de Somisa y el Teatro San Martín. Para Gelardi, el estudio sistemático de estas obras significó mucho más que conocer determinados edificios: implicó profundizar en una manera de pensar la arquitectura.

Carolina Pérez Antonasi encontró su obra bisagra durante la etapa universitaria. Una visita junto a la arquitecta Eliana Bórmida a una de sus bodegas recién inauguradas fue suficiente para modificar su manera de mirar y estudiar la disciplina. Se trataba de Bodega Séptima.

La experiencia también anticipó uno de los campos que hoy forman parte de su actividad profesional. Pérez Antonasi trabaja en la dirección y supervisión de grandes obras y, de manera independiente, desarrolla proyectos vinculados a bodegas. Actualmente participa en el proyecto de Cheval des Andes, en Las Compuertas.

Para Alejandro Waisman, del estudio Primer Piso Arquitectos, el punto de inflexión estuvo en una obra de Solano Benítez, de Gabinete de Arquitectura. Lo que lo marcó no fue solamente el resultado, sino el proceso detrás del proyecto y la manera de resolverlo a partir de las restricciones económicas y de la utilización de los materiales. "Creo que esa fue una ruptura en la manera de pensar la arquitectura", resumió.

Las obras que cambiaron Mendoza

La segunda pregunta llevó la conversación desde las influencias personales hacia el territorio. ¿Qué obra tuvo mayor impacto en Mendoza durante los últimos 25 años? Guerra eligió el Parque Central. Para el arquitecto, el proyecto, surgido de un concurso público ganado por el estudio Becker Ferrari, logró convertir un antiguo espacio residual asociado al sistema ferroviario en un nuevo núcleo de actividad urbana.

Su impacto, explicó, no se limita a la intervención física. El parque generó un espacio de encuentro y apropiación colectiva que modificó la dinámica de una zona de la ciudad. "Hoy se ha dado un núcleo de vida colectiva, comunitaria, muy bonito", señaló. Y agregó que la transformación puede observarse en la manera en que los vecinos se apropiaron del lugar en distintos momentos del día.

Gelardi también ubicó al Parque Central entre las intervenciones de mayor relevancia reciente, precisamente por su dimensión social y cultural. Pero, yéndose un poco más atrás en el tiempo, no quiso dejar afuera otro ícono: el Estadio Malvinas Argentinas.

Su particular inserción dentro del Parque General San Martín, consideró, le otorga una condición que excede su función original. El estadio reúne a miles de personas alrededor de determinados eventos, pero al mismo tiempo forma parte de un espacio público mayor y de uno de los principales paisajes urbanos de Mendoza.

Pérez Antonasi amplió la mirada hacia una característica que distingue a Mendoza: la relación entre arquitectura, territorio y vitivinicultura. Para la arquitecta, las bodegas fueron una de las grandes transformaciones del paisaje provincial durante los últimos 25 años. "Si tuviera que elegir dos ejemplos, te diría Bodega DiamAndes y Bodega Salentein, ambas vinculadas a la obra de Eliana Bórmida", afirmó.

Waisman, en cambio, puso el foco en una intervención mucho más cotidiana: la remodelación de la calle Arístides Villanueva. Como usuario y vecino de la zona, pudo observar directamente el antes y el después de la obra y evaluar su impacto desde la experiencia diaria. "Creo que ha sido una obra que le ha hecho muy bien", afirmó.


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