Mendoglass: el negocio invisible detrás de los grandes desarrollos
La historia de Mendoglass comenzó hace tres décadas, en un contexto especialmente adverso para la industria mendocina. Los hermanos Marcelo, Alberto y Carlos Prats y Raúl Iannuzzi, vinculados originalmente a la actividad metalúrgica relacionada con la vitivinicultura, buscaron nuevas alternativas después de la crisis que atravesó el sector durante la época de Greco.
Mendoza mira hacia el Este para su próximo salto urbano
Lo que arrancó de manera casi artesanal, en la cochera de una vivienda, terminó convirtiéndose en una empresa con capacidad industrial y presencia en distintos puntos del país. Hoy, la firma cuenta con una planta instalada sobre 1,5 hectáreas y una superficie cubierta de 5.000 metros cuadrados.
La fábrica, su diferencial
Lo que distingue a Mendoglass del resto de sus competidores en el segmento está en haber dejado atrás el modelo de comercialización del vidrio como materia prima. En su planta se realizan distintas etapas de procesamiento: corte, pulido, mecanizado, templado y laminado, además de soluciones como el doble vidriado.
El producto terminado puede llegar directamente a una obra o alimentar a la propia división de carpintería de la compañía, donde se desarrollan fachadas, cerramientos y soluciones para edificios. "Hoy nuestro perfil de distribuidor no es nada más que vender la hoja original como viene de fábrica, sino ya con el producto procesado", explica Marcos Castagnolo, socio gerente de Mendoglass.
Vidrio para adentro y afuera
La compañía también amplió su negocio hacia el interiorismo a través de Qualys, una división orientada a mamparas, espejos, revestimientos de muros y divisiones internas de oficinas. Todos esos productos se procesan y fabrican en Mendoza y cuentan, además, con un servicio propio de instalación.
Ese esquema permite a la empresa cubrir buena parte de la cadena: desde el procesamiento industrial del vidrio hasta su colocación en obra.
La trayectoria también se refleja en la cantidad de proyectos en los que participó. Mendoglass fue parte de numerosas bodegas emblemáticas construidas durante la década del 90 y posteriormente extendió sus trabajos a edificios y desarrollos en Mendoza, Patagonia, La Rioja, Tucumán, Santa Fe y Buenos Aires, entre otros destinos.
Para Castagnolo, la tendencia que domina actualmente al sector es clara: "Los encerramientos sean cada vez más grandes y lo más limpio posible", observó.
El sistema constructivo que cambia las reglas de juego en Mendoza
La arquitectura contemporánea empuja hacia superficies vidriadas de mayores dimensiones, pero ese crecimiento también exige mejores prestaciones térmicas. Allí aparecen los sistemas de doble y triple vidriado y los llamados vidrios tecnológicos, entre ellos los de baja emisividad y los reflectivos.
El objetivo ya no pasa solamente por generar transparencia o estética. El vidrio se convierte en una pieza relevante para mejorar la eficiencia y el comportamiento energético de los edificios.
Un crecimiento integrado
Actualmente, Mendoglass emplea a 72 colaboradores en Mendoza. Entre 22 y 25 están abocados específicamente a los servicios de montaje, mientras que el resto trabaja en las plantas, las divisiones de aluminio y vidrio, administración y área comercial.
A tres décadas de aquel comienzo en una cochera, la compañía busca seguir creciendo sobre una premisa diferente: no limitarse a vender vidrio, sino convertirse en un eslabón industrial cada vez más integrado a la arquitectura y la construcción.
Mendoza, una excepción en medio de la caída
El escenario de la construcción presenta, sin embargo, un contraste. Mientras a nivel nacional los metros cuadrados construidos acumulan una caída cercana al 30% respecto de 2023, Mendoza atraviesa un momento diferente.
"Hay una gran cantidad de proyectos que se están ejecutando de torres y demás", señala Castagnolo, quien destaca además el desembarco de capitales de otras provincias interesados en invertir en el mercado inmobiliario mendocino.
Para la empresa, la recuperación más profunda todavía depende de un factor: el crédito hipotecario. "Es realmente la palanca que estamos necesitando para que la rueda empiece a girar", sostiene.





