Turismo y arquitectura: 5 destinos indispensables para fanáticos del diseño

Grandes ciudades y pequeños pueblos con edificios que son una verdadera tentación para profesionales de la construcción y para cualquier persona que disfrute del arte en todas sus expresiones

Hay viajeros y viajeros. Están los que disfrutan la gastronomía, otros de los museos y otros tantos de la naturaleza. Sin embargo, una parte mide el éxito de su aventura por las obras maestras que caminó.

El turismo y la arquitectura son una tendencia en crecimiento que propone descubrir desde grandes ciudades hasta pequeños pueblos a través de sus edificios, plazas, parques y su planificación urbana.

Por eso, Área Tres propone en este artículo cinco destinos globales que cualquier amante del diseño y profesional de la construcción debe colocar en su radar.

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1. Bilbao, España

El Museo Guggenheim de Frank Gehry le cambió la cara a Bilbao, que se transformó gracias a este ícono deconstructivista de titanio. Se trata de la evidencia viva de cómo la arquitectura es capaz de regenerar una ciudad industrial en decadencia.

  • Para anotar: la antítesis entre el Casco Viejo y la moderna zona de Abandoibarra.

  • Por qué elegirlo: para comprender el "efecto Bilbao" en primera persona y ver de cerca la manera en que la arquitectura de primera mano y ver cómo la arquitectura de sello internacional (Pelli, Foster, Isozaki) coexiste con la escala humana.

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2. Brasilia, Brasil

Desde Mendoza, a escasas horas de vuelo, está la única ciudad del siglo XX que ha sido declarada Patrimonio de la Humanidad por la UNESCO. Su diseño es obra de Lúcio Costa y Oscar Niemeyer. La capital de Brasil, Brasilia, es una utopía del modernismo en su más pura expresión

  • Para anotar: el Congreso Nacional y la Catedral Metropolitana.

  • Por qué elegirlo: porque es la posibilidad de pasear por una ciudad que fue proyectada desde cero. Sus grandes perspectivas y sus curvas de hormigón son una muestra de escala y del poder simbólico digno de ser experimentado por cualquier arquitecto.

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3. Tokio, Japón

Otra capital, esta vez la de Japón, es parte y escenario de una milenaria tradición, que se combina a la perfección con la más alta tecnología. Tokio es un lugar que hace y deshace en forma permanente, poniendo a disposición soluciones habitacionales en reducidos espacios que son un reflejo y ejemplo de la ingeniería creativa.

  • Para anotar: el distrito de Ginza es ideal para contemplar fachadas de lujo, como la de Hermès de Renzo Piano, y la Nakagin Capsule Tower, o lo que queda de su legado metabólico.

  • Por qué elegirlo: la utilización magistral de los materiales, como el hormigón poético de Tadao Ando, por un lado, y, en contraste, la ligereza del vidrio de SANAA.

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4. Róterdam, Países Bajos

En las antípodas de la Europa clásica, está su opuesto: Róterdam. Luego de su destrucción en la Segunda Guerra Mundial, esta ciudad decidió reinventarse mirando hacia el futuro y, actualmente, es la sede de grandes estudios, como OMA (Rem Koolhaas) y MVRDV.

  • Para anotar: el Market Hall es un edificio con forma de herradura gigante que mezcla viviendas y mercado. Las Casas Cubo de Piet Blom son otro destino para agendar.

  • Por qué ir: Es un laboratorio urbano. Si querés ver hacia dónde va el urbanismo sustentable y la arquitectura experimental, este es el lugar.

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5. Ciudad de México

La CDMX es una de las capitales arquitectónicas más ricas del planeta. Sus restos prehispánicos, barroco colonial se acoplan con un particular brutalismo mexicano, encabezado por el legado de Luis Barragán.

  • Para anotar: las Torres de Satélite y la Casa Estudio Luis Barragán.

  • Por qué elegirlo: para descubrir la forma en que el minimalismo puede ser vibrante y cálido. Además, el uso de la luz y el color en la arquitectura mexicana es una referencia obligatoria para el diseño de Latinoamérica.

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Bonus track argentino: la Ruta de Francisco Salamone (Buenos Aires)

En el país también se puede vivir una experiencia arquitectónica surrealista. La obra de Francisco Salamone, en la pampa bonaerense, es un destino de culto. Desde 1936 hasta 1940, este arquitecto ítalo-argentino le dio vida a más de 60 obras en remotos pueblos de la provincia de Buenos Aires, diseñando un estilo único que combina el Art Déco, el Futurismo y el Monumentalismo.

  • Para anotar: el Portal del Cementerio de Azul, con su ángel gigante y sus monumentales letras (RIP), y el Matadero de Epecuén, una torre que se levanta como un faro en medio del paisaje apocalíptico de la villa inundada.

  • Por qué elegirlo: para entender cómo la arquitectura fue usada como una herramienta de presencia estatal y modernización radical en el interior más profundo de Buenos Aires. Uno de los secretos mejor guardados del diseño argentino y un imán para fotógrafos de todo el mundo.

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