Experiencia sensorial en tres niveles

La idea integral del concepto estuvo a cargo de los dueños del local, Flavio Décimo y la Diseñadora de Interiores Franca Papparini, junto con Diego Baigorria, de la Empresa "Baby Parrot". La arquitectura es autoría de Gabriel Japáz y Pablo Guerra.

Por Arquitecta Rosana Raffaini

JAPAZ GUERRA ESTUDIO DE ARQUITECTURA / GABRIEL JAPÁZ - PABLO GUERRA

Restaurante & Bar

Arquitectura: Gabriel Japáz - Pablo Guerra

Interiorismo y Espacios Exteriores: D.I. Franca Papparini - Diego Baigorria

Ing. Agrónomo: Francisco Albán

Ubicación: Sarmiento

Sup. Cubierta: 660,00 m2

Año: 2.020

La unidad de negocio de "El Asadito" ha sido concebida con una premisa de desarrollo conceptual que sienta las bases para una franquicia: Vender una experiencia que sea placentera tanto por la gastronomía, los vinos y la coctelería, como por el ambiente en el que se disfrutan. La intención fue crear un restaurante con una identidad única que cautive al cliente a través de los cinco sentidos. Transformar el concepto de parilla tradicional de Mendoza, brindando diferentes instancias espaciales para disfrutar de un mismo lugar.

La idea integral del concepto estuvo a cargo de los dueños del local, Flavio Décimo y la Diseñadora de Interiores Franca Papparini, junto con Diego Baigorria, de la Empresa "Baby Parrot". La arquitectura es autoría de Gabriel Japáz y Pablo Guerra.

Las tres cuadras de calle Sarmiento del Centro de Mendoza entre calles Belgrano y Chile, son un importante polo gastronómico que tiene como flancos la Plaza Independencia y las vías del ferrocarril. Todos los locales, en su mayoría de comidas, se han construido sobre la línea municipal.

En primera instancia, el dueño del terreno, que fue el primer cliente de los arquitectos, encargó un local para alquilar. La premisa urbana que marcó los lineamientos del proyecto fue generar un espacio de transición, un vacío que invite a la ciudad a entrar al edificio. Simultáneamente se le dio continuidad virtual con el perfil urbano existente a través de una silueta metálica sobre la línea de edificación. La idea de generar este "hueco" se materializó con un patio descubierto que recibe al cliente con algunas mesas. Solo lo separa de la vereda una liviana y transparente baranda de vidrio que permite fluidez espacial e integración con la ciudad. Este patio se pensó como una previa que invita a deleitarse con tres instancias arquitectónicas y de diseño, cada una con detalles que la hacen especial. En planta baja, el clima es propicio para una deliciosa cena y charla en familia, pareja o amigos. Luego, el segundo nivel constituye un espacio con más privacidad, que se integra a través de sus amplios ventanales con el exterior y las copas de los árboles y, por último, la terraza, que se integra con la ciudad y es ideal para degustar un vino local o pasar un momento agradable tomando riquísimos tragos.

La arquitectura es sumamente austera. Se proyectó un prisma visualmente liviano, de estilo brutalista, que se materializó con muros de ladrillones desnudos, losas de hormigón a la vista y una estructura de acero que conforma el espacio virtual de triple altura en el frente y actúa como espacio de transición. En el sector este de la fachada, se encuentra el acceso a una cava que se ubicará en el subsuelo, a través de un prisma realizado con los mismos materiales que el volumen principal. En el interior del restaurante, la escalera metálica juega un rol fundamental como enlace de los tres niveles: Se ubica adyacente al muro este del restaurante, a pasos de la puerta principal de acceso. Se despega de los ladrillos dando lugar a dos muebles de guardado de vinos que comienzan en la planta baja y terminan a nivel de terraza, acompañando el recorrido y aportando el factor sorpresa con la iluminación, que disminuye su intensidad a medida que se asciende, generando curiosidad y sorpresa. Ambas cocinas, en planta baja y primer piso, se encuentran a la vista y se integran respetuosamente con el espacio de las mesas. Se diseñaron muebles de estructura metálica para exhibición de bebidas que conforman la barra de tragos. En planta baja, se diseñó una caja de cristal para guardado de botellas, que tamiza las visuales hacia la escalera, dejando lugar al acceso a la misma, creando un velo de misterio.

El diseño de interiores sigue los lineamientos de la arquitectura en cuanto a su sencillez, logrando un conjunto que tiene sus bases en el mismo concepto. Este objetivo se alcanzó gracias a la sensibilidad de los profesionales, que se involucraron con el espíritu del lugar, dando como resultado este hermoso restaurante. La iluminación general es tenue, animando la permanencia del cliente pasando por diferentes estadios. En planta baja y primer piso se percibe una decoración exquisita y en armonía con los materiales de muros y losas, como las pantallas de metal desplegado que se apoyan en los muros de ladrillo, dejando ver sus texturas y colores, con una iluminación suave que imita con sutileza el efecto del fuego de la parrilla en la parte inferior. El mobiliario es de madera y hierro con terminación de color negro y se confeccionó a medida para el local. Las sillas de mimbre fueron elaboradas artesanalmente por personas privadas de la libertad, apoyando la inclusión.

La terraza es un mirador panorámico enmarcado por las copas de los árboles. El juego de desniveles y los rincones que se generan con el equipamiento, invitan a disfrutar del momento, reposando entre almohadones, confortables silloncitos colgantes o en alguna barra con banquetas, una de las cuales se extiende a lo largo de toda la fachada sur, ofreciendo las mejores vistas de la ciudad. El piso de baldosa calcárea refuerza el valor de lo artesanal que rigió el mobiliario y es una evocación de la historia mendocina. La incorporación del verde aporta el detalle final a este espacio, seleccionando cuidadosamente especies con requerimientos mínimos de agua que, a través de una interacción responsable con el medio ambiente, enriquecen y aportan calidez espacial.

Más de Contenidos para exportar